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EL PRÉSTAMO

Para casarnos, tuvimos que instalar nuestro nuevo hogar en un piso, en régimen de alquiler. Como mi esposa es una mujer que economiza mucho, con nuestros pequeños ingresos cubría todas las necesidades del momento. Desde el álbum de fotos de la boda, pasando por las tres persianas que tuvimos que adquirir, una radio, la olla a presión la cafetera, el televisor, el alquiler del piso de trescientas cincuenta pesetas mensuales, etc. Muchas cosas que en aquel momento nadie podía adquirir con ingresos similares a los nuestros, Carmen se hacía con ellas. Habíamos sido padres de una niña, que falleció a los seis días de nacer, y un año después ya éramos padres de la segunda hija, asistida por la mejor comadrona de Valencia. Debo decir que, dicha comadrona nos cobró el servicio muy por debajo de los honorarios que habitualmente cobraba a sus clientas de alto nivel económico. Le habíamos dicho que no teníamos una economía sólida pero que teníamos miedo de perder otra criatura por ser pobres, en ...

JOSÉ FOLGADO

José Folgado era un hombre inquieto, audaz y capaz de emprender empresas de alto nivel de riesgo. Parecía que su afán de aventura le apasionaba y no dejaba piedra por remover. Toda su vida la dedicó a crear, con mucho entusiasmo, nuevas empresas. José Folgado fue el primero que introdujo tractores y máquinas de movimientos de tierras en Ribarroja. Niveló campos de secano, en el monte, transformándolos en tierras de regadío, por encargo de sus dueños. Los agricultores regaron con aguas del pozo de “Dalt”, (arriba) situado enfrente del Colegio de las Trinitarias, junto al río. Por medio de una tubería gorda y de varios kilómetros de larga, por el cauce del Barranco de los Moros y con un potente motor elevaban el agua al pie de la montaña del “Frare”. Después recorría medio término con acequias de riego a partir del punto más alto. Posteriormente se perforó un pozo en la “Cañá de la Siñoreta”, junto a la cantera que entonces se llamaba de Aridelsa, y todas las tierras transformadas de la ...

EL CERDITO

Cuentan en Ribarroja, que el tío Jacinto decidió comprar un cerdito para criarlo. Vivía en una de las cuevas del Barranco de los Moros, donde se hacían fideos antiguamente, entre la carretera y el terraplén de la vía del tren. Exactamente, donde hoy está el muro ajardinado del Centro de Salud. El cerdito lo sacrificaría cuando creciese e hiciese los suficientes kilos de carne. Lo normal era que en muchos hogares hiciesen lo mismo. De ahí que en muchos pueblos de España se celebre la “Fiesta de la matanza del cerdo”. ¿Quién no recuerda si es mayor, o le han contado que los niños, antiguamente, jugábamos con la vejiga del cerdo, como si fuese un balón de fútbol, el día de la matanza? Había que esperar a que pasase el carro que los vendía y comprarlo. Como todos los años, por las mismas fechas, pasaba el carro de los cerditos y el tío Jacinto lo llamó. El cerdero paró el carro, levantó la lona que protegía la camada y, como de costumbre, le invitó a que viese cual de ellos le gustaba más....

TONÍN

Tonín, (abreviatura de Antoñito), era un chico de Ribarroja, con síndrome de Down. Era delgado y no muy guapo. Con su sencillez cautivaba a todos. Su madre, la tía Concha, le protegió como todas las madres de niños deficientes, mientras vivió. Su bondad extrema le llevaba a ejercer, sobre su hijo, de “verdadera madraza”. Allá por los años cincuenta y tantos, enviudó. Ella tenía dos hijas mayores que el chico, Concheta y Sonín que trabajaron, de jóvenes, en Cerámicas Hispania de Manises hasta que se casaron. Fuimos, por tanto, compañeros de trabajo durante diez años por lo menos. Como yo aprendí de barbero en tiempo libre, a Tonín me lo trajeron de niño para que le cortase el pelo. Su manera de ser me cautivó desde el primer momento, aunque creo que ya le conocía como vecino de Ribarroja. Era un chaval encantador. Hablaba un poco gangoso, pero se le entendía bastante. De chico, su madre le permitía que se desplazase por la calle donde vivían, y visitase a los vecinos. Todos se portaban ...

EL PONTÓN

La riada de 1957 destrozó el puente del Río Turia, a su paso por Ribarroja. No fue el único puente que destrozó con sus caudalosas y bravas aguas. Sin embargo, en su parte central, quedó casi entero. Es decir, que sólo se llevó los dos primeros arcos, a la entrada, y un tramo de más de veinte metros, a la salida. Las autoridades locales, convocaron una asamblea de agricultores en el Teatro-Cine Cervantes de la localidad. En ella se les informó que, había muchas dificultades para que se restaurase el puente, o que se construyese uno nuevo, de forma inmediata. Que pasaría mucho tiempo y no se podían esperar. Para recuperar las cosechas y preparar las tierras para la nueva temporada, se había realizado un estudio de la situación y se había acordado adquirir unos cuantos tablones de madera y construir un pontón que permitiese a todos ellos cruzar el río con sus carros. Uno de los presentes pidió la palabra interrogando a la mesa sobre el coste económico del pontón. Se le respondió que era ...

LA CABRA

Juanito tenía siete años y su infancia había transcurrido sin pena ni gloria. Hasta los seis años, le habían dado de comer en el Auxilio Social por faltarle el padre que les mantuviese. Era un niño solitario que se paseaba por el pueblo mientras su madre, Concha, se dedicaba a coser por encargo, a domicilio. Los días alternos, visitaba en la cárcel Modelo de Valencia, a su marido. Tenía que traerle algo de comida, porque allí se pasaba mucha hambre y algunos presos morían por no comer bastante. Juanito tenía una hermana, Conchín, cuatro años mayor y un hermano, Vicente, veinte meses mayor que él. Trabajaban en casa de los Soriano, de criadita y de aprendiz de serrería, respectivamente. Cuando hacía mal tiempo, por las noches, Juanito se cogía de la falda del delantal de su madre y se chupaba el dedo gordo, a falta de chupete. Con ello se sentía seguro ante el frío, los truenos o las lluvias. Pero llegó un día que su seguridad se desvaneció. Su puesto de hijo menor y protegido, fue ocup...

CARLOS

Siendo yo pequeño, vivía en el barrio del Lavadero Nuevo. Cerca de mi casa, en las cuevas de la Verónica, vivía un chico llamado Carlos Valero. Era mayor que yo y le faltaban los dos antebrazos. Uno cortado, a dos dedos por debajo del codo, y el otro por el mismo codo. Éramos vecinos y nos tratábamos muy bien, como en los barrios pobres o en los suburbios de las grandes ciudades. Según me contaron, Carlos, cuando era un niño y recién terminada la guerra civil del 36-39, iba a recoger caracoles por la huerta de la Cascona “(el molinet)”, junto a la carretera de Ribarroja a Bétera. Se encontró una granada de mano. En ese momento, pasaba por allí un chico llamado Antonio Arnau que se dirigía al molinet y le llamó para enseñársela. Cuando Arnau se acercaba, Carlos tiró de la anilla y le explotó en las manos. Arnau recibió un impacto de metralla en la sien y falleció en el acto. Carlos recibió impactos por todas partes de su cuerpo, desde los genitales hasta la cara y brazos, destrozándole ...