LA MAZORCA DE MAIZ ROJO
Los antiguos labradores, cuando llovía o hacía mal tiempo y no podían trabajar en el campo, se dedicaban, entre otras cosas, a preparar patatas para plantarlas, cortándolas a trozos de manera que, cada trozo contenga los posibles brotes que formarán las plantas de la patatera. Otra de las actividades es la de seleccionar el cacao normal y separarlo de los terrones o de las capillitas menudas, de manera que al tostarlo sean lo más uniforme posible en tamaño y densidad. De lo contrario, unos se tostarían demasiado y otros muy poco. También se dedicaban, en tiempo libre, a deshacer el maíz de la mazorca para ir embasándolo en sacos para venderlo o traerlo al molino y molerlo.
Sin embargo, uno de estos trabajos que podían dejarlos para cuando tuviesen tiempo libre, era el hecho de pelar las mazorcas del maíz. Como no compensaba subirlas a la cámara de arriba y almacenarlas, para ahorrarse ese trabajo, cuando las recolectaban, las trasladaban a su casa con el carro y las amontonaban en medio de la entrada de la casa. Ese día, avisaban a los vecinos para que, después de cenar, acudiesen a pelar las mazorcas, si podía ser en una noche, mejor que en dos. Al terminar de pelarlas, la dueña invitaba a todos a comer calabaza asada y boniatos al horno que, previamente, había preparado para el momento. Era una manera de agradecer a la vecindad el trabajo que realizaban en pocas horas y despejar la casa.
Si durante el rato de pelar mazorcas, salía alguna con el maíz de color rojo, quien la había pelado se dirigía a otra persona, generalmente del sexo opuesto, y le sorprendía dándole un beso. Con ese acto, alteraba la monotonía del trabajo que todos realizaban pelándolas. Principalmente los chicos, se ilusionaban mucho en que les saliese alguna mazorca de maíz rojo, para dirigirse a la muchacha deseada y sorprenderla. Si ella advertía la intención, huía para evitar el acoso y él corría detrás de ella para conseguir su propósito, mientras el resto de peladores, se reía del acoso.
Sencillamente, se tomaba como una fiesta. El dueño del maíz, procuraba que todos los años apareciesen simientes rojas, cuando las plantaba, para que el día de la pelada de mazorcas, no faltasen las de maíz rojo, para garantizar a los vecinos la “fiesta de los besos”.
FIN
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