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EL TRILERO

El Trilero es un hombre casado y con una familia tan numerosa que preocuparía a cualquiera. Tiene muchos hijos e hijas, pero su manera de ser le ha permitido liberarse desde siempre, de la carga que supone darles de comer, preocuparse por su salud, vestirles calzarles o comprarles chucherías. Tampoco ha sido capaz de llevarles a la escuela, comprarles libros o llevarles a la piscina en verano o al parque a jugar. El Trilero es un hombre especial, capaz de quedarse sólo con su mujer, mientras los hijos se los criaban varias familias de Ribarroja. A mi me parece que es un hombre muy listo. Creo que ha sabido utilizar la caridad a su favor, de manera abusiva. Las personas de bien se han volcado cariñosamente con sus hijos, les han cubierto las necesidades más elementales y también las complementarias. De manera que han sido, y siguen siendo felices en este pueblo que se llama Ribarroja del Turia. ¿Cómo se las ha arreglado? Lo ignoro. Además, nunca me he preocupado de averiguarlo, porque t...

LA RADIO

Cuando inauguramos nuestra segunda peluquería el día dos de febrero de 1962, en la calle D. Salvador Bigorra nº 10, junto al paso a nivel, era lunes. Durante toda la semana acudieron muchos nuevos clientes, porque hicimos mucha publicidad con cuartillas de colores, que repartimos por todo el pueblo. El sábado por la tarde, estando la peluquería llena de gente y dos barberos y un aprendiz “trabajando a tope”, un cliente de los allí presentes, dijo: Paco, aquí os hace falta una radio, porque el que está leyendo el periódico se distrae, pero los que no tenemos nada para leer o para comentar, lo pasaríamos mejor escuchando la radio. (Al ser nueva la barbería, los allí presentes eran nuevos, porque procedían de otras barberías y no tenían la suficiente confianza para establecer conversaciones entre sí. Cosa que no ocurre con los clientes habituales de una barbería cualquiera que, porque se conocen de haber coincidido muchas veces, dialogan entre sí o comentan sobre cualquier tema que se les...

PEÓN DE ALBAÑIL

El tío Sento trabajó siempre de peón de albañil. Nunca quiso tener responsabilidades en la construcción, decía él, “porque no quería correr el riesgo de equivocarse y provocar un accidente por su culpa. La obra es muy peligrosa y muy seria”. Ahora bien. Su vocación era enseñar a los aprendices los secretos de su oficio porque, según él, no había gente con vocación de maestro y él sí que la tenía. Por eso, cuando un chaval entraba a trabajar en la misma empresa, pedía que se lo asignasen para así poderle poner al corriente de cómo había que preparar los materiales y servirlos a los oficiales. En definitiva, que estuviese al tanto de toda la herramienta, aprendiéndose los nombres de cada una, para localizarla en el momento que se la requiriesen. Si se trataba de piedra, o del barro para la construcción de una pared, se ocupaba de que el aprendiz conociese en cada momento aquella piedra que el oficial podía necesitar para llenar los huecos que se iban produciendo en el tajo y que el barro...

JAUME MARTÍ "EL CAMELO"

Jaime Martí, “el Camelo”, es un hombre de mi edad, de familia muy humilde. Es el más pequeño de cinco hermanos. Muy sencillo, decidido, simpático y honrado, como todos sus hermanos. Cuando éramos niños, era el foco de atención de todos los vecinos y amigos, por su sencillez e inocencia. Tenía salidas de perfecto paleto, como los cómicos de las películas. Que hablan en serio, pero causan risa a “los que somos más listos que ellos”. Cuando tuvo que cumplir con el Servicio Militar, le destinaron a Paterna. Según nos contaba a un grupo de amigos, el día que ingresó, se salió de la fila y se dirigió al sargento preguntándole en valenciano: “¡Tío!, ¿a´on está la aixeta, p´a veure aigua? (¿Dónde está el grifo para beber agua?) El sargento se puso furioso y le obligó a incorporarse a la fila, sin atender su petición. El sargento le pedía “que hablase en cristiano”, pero Jaime sólo sabía hablar en puro valenciano. Ese fue el principio, pero así se pasó todo el periodo hasta que se licenció. Arr...

PEDRO CAMPOS "EL MASERO"

Pedro era un hombre enamorado de las caballerías, pero su sentido de la realidad le empujó a comprarse una moto. La moto era potente de la marca Lube y podía alcanzar grandes velocidades. Esto de grandes es un decir, porque en aquella época de 1960 no era lo mismo que en la actualidad. Lo cierto era que viajó mucho en busca de, “Dios sabe qué”. Un día que venía por la carretera Nacional III desde Chiva con un amigo de paquete detrás, al llegar a toda velocidad al “Puente de la Muerte” en la Masía del Baló, no pudo tomar la curva y se lanzó volando de cabeza al fondo de la rambla. En caliente y sin dar tiempo a que su compañero se despertase del golpe, lo cogió, se lo cargó al hombro, lo subió por el terraplén e hizo parar al primer coche que pasaba. Le pidió al chofer que, por favor, llevase al hospital al pobre herido, mientras él se volvía a bajar al fondo de la rambla a recoger la moto. El conductor del coche le miró la cara y le dijo: -Suba usted también al coche, porque necesita i...

DINERO DE LA REPÚBLICA

Cuando yo tenía ocho años, me llamó la atención que, en la parte trasera del tapizado del respaldo de una sillita de hacer las necesidades los niños, había un bulto cuadrado. Lo toqué y lo volví a tocar hasta convencerme de que aquel bulto sería interesante descubrir qué es lo que era. Cogí una hoz, rasgue el hule del tapizado y descubrí que era un buen fajo de dinero, en billetes de papel. Lo saqué y lo quise contar, pero como no me salían las cuentas, me abrumé de entusiasmo y lo guardé. Lo tuve guardado unos días sin que nadie se diese cuenta de aquel feliz hallazgo. El “siete” que había rasgado detrás del respaldo de la sillita, quedó bastante disimulado y nadie se dio cuenta, porque la sillita no se utilizaba por aquellas fechas. Como no pude guardar el secreto por muchos días, busqué con quien compartirlo. Nadie mejor que mis amigos. Bueno, en realidad no eran amigos míos, sino los amigos de mi hermano. Yo era veinte meses menor que él y no tenía amigos propios. Les enseñé el faj...

LEER CAMINANDO

En 1985 me dio un infarto agudo de miocardio. Después de cinco días ingresado en La Fe, en intensivos, me hicieron un cateterismo y me trasladaron a la sala. Una vez instalado en la cama, me visitó en Doctor. Me dijo que desconocían la causa que había producido el infarto. No obstante, había cuatro factores de riesgo a tener en cuenta. Primero, el tabaco. Segundo, la vida estresante. Tercero, la vida sedentaria y en cuarto lugar, el exceso de grasa o el sobrepeso, (en definitiva, el colesterol). Por lo tanto tendría que tomar medidas y decidir un cambio de hábitos de vida. Pero la cosa no era fácil. Debía de hacerme el valiente y hacer todo lo posible para evitar que se repitiese el infarto. El tabaco lo dejé de inmediato, pero con unas ansias de seguir fumando que no me resultaba fácil de superar para evitarlo. Después de un mes hospitalizado, unos días después de llegar a casa comencé a fumar un cigarrillo al día. Más adelante ya fueron dos o tres diarios. Poco a poco llegué a fumar ...